Encuestas = desacierto

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Viborianus

Victoriano Robles Cruz

Pudiéramos juzgar los resultados de las encuestas, esa información manipulada por diversos medios de comunicación para incidir en la percepción ciudadana; ahora, cuando ya conocemos los resultados oficiales y observamos distan mucho de la realidad. Para Quintana Roo sí se pasaron de tueste, el financiero asumía con resultados de la empresa encuestadora de Alejandro Moreno (vicepresidente de la Asociación de la Encuesta Mundial de Valores), una victoria de Mauricio Góngora por tres puntos 44%, contra 41%, con similar manejo hizo Milenio; mientras los resultados del atrasado PREP del IEQROO terminaban ofreciendo una ventaja en sentido contrario de más de 10 puntos porcentuales. Una diferencia superior a los 13 puntos porcentuales, si lo revisamos y valoramos en términos académicos esa discrepancia significaría la reprobación o la no acreditación del sustentante y para un medio con todos sus instrumentos de medición pueden ser interpretados como una ridiculez. Hay quienes siguen fijándolo como otro capricho. ¿Usted cómo lo interpretaría?

Son estos resultados de la lluvia de encuestas tan contrastantes que por sí solo invitan a la desconfianza, no solamente para el caso quintanarroense sino para casi todas las entidades en contienda electoral. Según se observa las tendencias de las encuestas se aproximaron mejor sólo en el caso de Oaxaca. Otro ejemplo discordante del uso y abuso de las encuestas lo vimos para Chihuahua, la empresa Mitofsky con sus conteos rápidos le dio 20 puntos de ventaja a Enrique Serrano, del PRI, frente a Javier Corral. Craso error, pues el candidato del PAN, resulto ganador con más de 11 puntos de ventaja frente al priista; 40.87% de los votos al panista frente a 31%, para el priista, según los datos del PREP. La diferencia alcanzó los 31 puntos porcentuales. ¡Inches metodólogos!

Similares hechos se presentaban de manera local, los medios franquiciados sólo arrojaban datos generosos para el candidato priista, en la radio y televisión oficial se desgañitaban con análogas tendencias favoreciendo al candidato gubernamental, al protegido de FGC; ni un medio pudo soportar la seducción, la tentación para asumir con responsabilidad el compromiso social; cómo en las lecturas bíblicas, cayeron, despeñaron… como Adán probando la manzana para quedarse en el pecado y abandonar el paraíso de los ciudadanos quintanarroenses. Así se sumaron al desdén e indiferencia gubernamental sin importarles la perdida de la confianza ciudadana. El rechazo para estos proclives medios fue la natural contestación de los ciudadanos, de los quintanarroenses. En varios sitios fueron quemadas ediciones de estos periódicos, de manera simbólica, como manifestación del incongruente mensaje. ¿Quién puede creer ahora en su información? ¿Cuánto tiempo los acompañará el poder corrupto?

Columnistas al servicio del poder priista nunca acertaron ni por aproximación, el sentir de la población distaba mucho de las obligadas lecturas de las encomiendas oficiales. Repetían los resultados de las encuestas realizadas por encargo con el insalubre hedor para sesgar y truquear la realidad. Aquel placer de comunicarse con los lectores había sucumbido, arrinconado en el baúl de los recuerdos permaneció, no era pérdida de memoria, pues apearse para treparse a las cifras de las encuestas sin conocimiento, sin investigar, sin comparar, desprofesionaliza el desempeño.

La falla de los posibles pronósticos por la vía de las encuestas fue magnifica, abrumadora; la hendidura demasiado contrastante, inservible para los perversos fines electorales, pero también esa siniestra utilización de los métodos de medición contribuye en la destrucción de un instrumento metodológico, de utilidad científica; aúna en la pérdida de credibilidad de un valioso instrumento científico. ¡Bueno, los políticos destruyen todo!

Curioso resulta al revisar todas las encuestas utilizadas por el PRI-gobierno porque esa fueron las que fallaron de forma contundente. ¿Por qué solamente esas nunca acertaron? Será porque las han convertido en un negocio mediático, en tiempos electorales. Tanto de la empresa encuestadora como de su contratante. Su utilidad político-electoral es más bien para darle voz al PRI-Gobierno, la retórica electoral, para querer incidir con la ciudadanía. Sin embargo, la ciudadanía ha demostrado que esa lluvia de encuestas no asusta, ni incide en la voluntad del elector, ni son un referente para su decisión a la hora del voto y por el contrario cada vez pierde confiabilidad su utilidad. ¿Puede una encuesta tapar todo un historial de corrupción?

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