Reventar la movilización

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Viborianus

Victoriano Robles Cruz

Este viernes, por la mañana, en la recién y novedosa trasmisión cibernética de Carmen Aristegui, (periodismo digital), la conductora entrevistó a Fermín García, director de la Jornada de Oriente, con sede en aquella ciudad de Puebla, quien compartió en ese espacio periodístico el testimonio recogido, con una persona inmersa o con el conocimiento, en el reclutamiento de vándalos de las diferentes colonias para el organizado saqueo: con el pago de 800 pesos, la promesa policial de llegar varios minutos tarde para su escape y además quedarse con el botín sustraído. La mano obvia de las autoridades del poder federal. El gobierno y el PRI ya se han intentado desmarcar de este suceso; sin embargo, los testimoniales apuntan lo contrario.

La intencionalidad resulta obvia, aunque tampoco es la primera ocasión en la cual los aparatos del Estado actúan de manera similar, pues, en casi todas las manifestaciones populares siempre está presente el ingrediente del “vandalismo institucional”, organizado desde los instrumentos del gobierno para desvirtuar la genuinidad de las expresiones de la humillada y dolida población. Los desmanes cometidos contra ciertos comercios no son realizados por la población, son infiltrados, es el mercenarismo vandálico quien se alquila para estos fines ilegítimos, al servicio del gobierno.

El designio conlleva reventar la movilización, con los actos vandálicos y generar sicosis, la construcción del miedo. Los mensajes de los bots anunciando actos de vandalismo por los integrantes de la protesta social, asustando con mensajes falsos y construidos para tal fin. Otra manera de reprimir la espontanea protesta social por los elevados impuestos y precios a combustibles y energía eléctrica. Luego ya tienen preparadas las entrevistas para las organizaciones de comerciantes y empresarios, quienes ipso facto resuenan a la tambora del gobierno para reclamar tranquilidad y paz al mismo gobierno. Es decir, el mismo gobierno mediante este procedimiento legitima el uso de la fuerza pública y del ejército contra la población, por ello son detenidos y humillados -de nuevo- muchos inocentes individuos. Se trata de inhibir, inhabilitar y prohibir el natural y necesario reclamo ciudadano por los abusivos actos del gobierno.

Si usted observa los tradicionales medios de información se dará cuenta de la ausencia, en sus notas y noticieros, de la legítima protesta social, como sucedió el día de ayer, por la tarde, en la ciudad de Monterrey, donde más de 15 mil personas llenaron la plaza principal. En los medios de mayor cobertura la noticia no se pudo encontrar esa información. Pero, eso sí, usted si podrá leer o escuchar a los personeros del sistema reproduciendo las acciones feroces del saqueo de los denominados mercenarios del vandalismo. Ellos mismos lo hacen, lo distribuyen, lo irrigan con sus medios y luego les avientan a los ciudadanos los aparatos represores del Estado mexicano. Estos madrean, violan y hasta desaparecen a muchos inocentes ciudadanos.

La incapacidad de los miembros del gobierno una vez más sale a relucir. El alza de los combustibles revela la enorme ignorancia de los personajes de la más alta jerarquía en la toma de decisiones del país. No sólo desde la perspectiva económica sino desde la óptica política muestran su hosquedad y obscurantismo. Para muchos, en tiempos electorales, fue el personaje “guapo”… ahora todos lo ubican en la dimensión correcta: un pendejete. Otros, como un traidor a la patria. Condenar a la miseria y a la esclavitud a millones de mexicanos… no tiene precio.

Ahora, uno de las virtudes democráticas, la libertad de expresión, la libertad de reunión, el ejercicio cívico de la protesta social, está en riesgo por una manada de miembros del gobierno, por quienes han colapsado la institucionalidad para arrebatar los bienes patrimoniales de todos los mexicanos. Nadie podrá negar la presencia de la mano del gobierno en la protesta social, en la construcción del miedo, en el robo, en el saqueo. Recordemos… corresponde a las autoridades a garantizar la seguridad física y patrimonial de los ciudadanos.

Somos testigos de una histórica conciencia del pueblo de México, comienza con buenos signos, no debemos de apartarla de allí, proseguir con la limpieza de esta expresión cívica, con todos sus valores inherentes; pero también debemos formalizar grupos para la cacería de los infiltrados, de esos enviados para reventar la movilización. Dejemos la ingenuidad fuera de nuestra protesta social, quienes nos observan actúan con todo y contra todo, el adversario es gigante, nos derrota si caemos en su juego. Mantener el orden bien organizadito contribuye a no caer en las provocaciones enviadas desde el mismo gobierno.

Ayer, por la tarde noche, en la Plaza de las Américas escuchábamos estas expresiones, las hemos escuchado de varios ciudadanos: “ese no es el pueblo, esos no son quintanarroenses”. Por los desmanes de los mercenarios infiltrados, quienes sin alguna marcha de protesta por los edificios de la Plaza, arremetieron contra los espacios de los centros comerciales ubicados allí. Las provocaciones y esas bravatas de esos vándalos contratados para destruir tienen el propósito de construir miedo en la población, debemos de tener mucho cuidado y son caer en ese vandalismo.

Amigos y lectores: Hoy no se vale la indiferencia, la apatía, la indolencia, son cuestiones que marcaran la vida pública de nuestro país, se trata de la gran corrupción de nuestro sistema político, estamos frente al saqueo inmisericorde de esta clase política gobernante. Ahora son los momentos para sacar esa indiferencia que mantiene colapsado a nuestro país, los responsables somos nosotros mismos, nuestra abulia y pereza destruye a la nación y seguimos recostados en una falsa y perversa comodidad.

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