“Realeza política”

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Viborianus

Victoriano Robles Cruz

¿Por qué ésta generaciones de gobernantes no pueden borrar de sus mentes el concepto de corrupción? ¿Por qué esa negativa contra la imperfección social del siglo XXI? ¿Por qué no atreverse a dar el salto e implementar los verdaderos instrumentos para acotar esta perversidad? Son muchas las voces de intelectuales y ciudadanos con sentido común, quienes reclaman acciones verdaderas contra la corrupción y la delincuencia. La más reciente encuesta entre la población nos ofrece indicadores de la enorme negativa en la percepción ciudadana, para o contra, esa clase política. Los ciudadanos ya no son engañados por la cínica conducta de estos servidores públicos, la comunicación, es otra, con las redes sociales y ésta se filtra a cualquier núcleo social. ¿Por qué no cambiar este modelo de comportamiento político?, ¿quién se atreverá?

¿Por qué estos supuestos líderes no respetan los derechos humanos y trabajan en contra del bien común?, ¿por qué trabajar acompañado de la corrupción? ¿Por qué estos individuos utilizan y abusan el poder público para lograr sus intenciones específicas? Resulta curiosa esa conducta abochornante de los denominados “servidores públicos”, la cual puede ser clasificada como una suerte de realeza política, pues gozan de hartos privilegios, inmediatamente de su nombramiento residen en mejores zonas, se pasean en vehículos último modelo y polarizados para evitar al elector, todas sus comidas, viajes y gastos personales les son cubiertos por dinero público.

Hoy, la peor amenaza para los sistemas democráticos es este fenómeno por el uso y abuso del poder público. En muchos de ellos vemos el prodigio de los cambios constitucionales para ir adecuando la norma a los propios intereses, para beneficiar casos particulares de políticos. Aunque parezca muy simple la inferencia de esta corrupción política abre la puerta a otro tipo de corrupción, la económica. La corrupción también afecta el sector público porque los beneficios del país se disminuyen por estos intereses particulares de su elite política. Las ofertas de los beneficios del Estado se reducen, los sectores sociales de menores oportunidades recienten estas consecuencias y sus efectos también lo podemos medir en el crecimiento de pobreza.

Los sucesos terroristas recientes en Playa del Carmen y en Cancún son consecuencia de esta imperante corrupción, no la podemos trasladar a otra perversidad, esta podredumbre puede ser vestida como indiferencia de las mismas autoridades cuando no se una sumisa complicidad y de la inmutable debilidad institucional, pueden existir otros mecanismos para la permisividad de la operación de estos cuerpos de la delincuencia organizada. Pero la corrupción, es y ha sido, el principal ingrediente o componente. Estas mafias han venido incubándose, en nuestra región, desde ya hace muchos años, desde luego, quizá desde antes de su creación como entidad federativa, con el consentimiento de las mismas autoridades. Insuficiente argumentación, es la justificación, por ser Quintana Roo, lugar estratégico en la geopolítica del tránsito de las drogas para la convivencia o relación con estas células del narcotráfico. ¡Señores, es la pinche corrupción!

La incertidumbre entre los quintanarroenses es natural, ante el imprevisible comportamiento de los cuerpos delictivos, a sabiendas de que los riesgos prosiguen ante la impunidad con la cual actúan tradicionalmente estas mafias. Su comportamiento no tiene algún patrón de pautas, ni de tregua, la competencia será feroz por la disputa de los territorios del mercado del narcomenudeo, derecho de piso, secuestro, extorsiones, tráfico de drogas e ilegales, los habituales mecanismos de explotación para las empresas no solamente de bebidas sino mucho más amplio sus operaciones ilícitas. Ya no se puede vivir con tranquilidad con la presencia de estas mafias, desde hace ya varios años.

¿Cuáles serán las respuestas de la mafia por haber matado a algunos de los miembros, de los mercenarios, de esos cárteles? No podemos pensar quedaran tan sólo como una pérdida de la guerra, sin jugar a las predicciones al estilo de Walter Mercado, prevemos vendrá mayor violencia, otras incursiones delictivas se irán convirtiendo en la cotidianidad cancunense o de aquellos lucrativos nichos del mercado de las drogas. ¿Será la solución llenar de policías a estas ciudades? ¿Qué nos digan, con su experiencia, en cual ciudad de nuestro país ha tenido éxito esta saturación policial? Nos preocupan las víctimas inocentes, aquellas denominada eufemísticamente “daño lateral”, al igual que esta descomposición social, sólo atribuible a la grave y tolerada corrupción, de nuestros gobiernos y gobernantes, bueno de los servidores públicos. ¿En esta enfermedad corrupta cuánta culpa y/o responsabilidad tenemos los ciudadanos por esta realeza política?

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